- Me voy a meter a clases de ruso!
Mi expresión habló por mí, y sólo contesté:
Me despedí. Tomé mis libros, guardé mi lápiz y salí de la biblioteca pensando, sí sólo era un minuto de estupidez lo que la había llevado a decir eso, o sí ella era la estúpida.
No podía creer lo que me había dicho, es más, aún no lo creo...
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