Querido Príncipe Azul Celeste imaginario:
Cuando empecé este blog, pensé que no existías. Juraba que eras una creación de mi cabeza, producto de una infancia cargada de cuentos donde la princesa era rescatada por el príncipe valiente, reforzada luego por una adolescencia y una juventud llena de películas románticas donde, al final, él o ella corren hasta encontrarse y terminan dándose un gran beso.
Después, de golpe, apareciste. Y poco a poco fuiste metiéndote en mi cabeza.
¡Ay, príncipe! Hombre más complicado que tú no ha de haber! Que tus prejuicios, que tus ideas, que si tal sabe o no sabe... Y yo, como buena princesa post moderna, jugando al psicoanálisis con tu cabecita de hombre confundido, aunque muchas veces -mayoría- la confundida soy yo.
Y acá estamos, mi príncipe. Nos quedamos en un basta. Amigos? No! ("Nosotros no somos amigos,--me dijiste alguna vez---. No sé qué somos, pero no somos amigos") Ufa! digo yo.
Príncipe, tu princesa está en otro lado. Yo me quedo esperando. Con toda mi cursilería y mi cargamento de boludeces, me quedo esperando. Ya vendrás pronto caballero a rescatarme de mi aburrimiento.
Besotes, mi príncipe azul celeste imaginario.
Ps--Por tí, tres mil veces más!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario